Caminos Opuestos
~La Sombra del Poder~
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(パスは失敗~力の影~, Pasu wa shippai ~Chikara no kage~)

Información
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Saga Caminos Opuestos (Saga)
Personajes
Himorogi Ōyashima
Shinki Amatsuka

"Y en su profunda oscuridad, el ángel que por tanto tiempo permaneción recluso dentro de su propia catársis se vio obligado a emerger, pronunciando a los apostoles de su maestro una única interrogante, fuera de cualquier concepto divino, fuera de cualquier sentido encontrado; '¿Bailamos?'"

Caminos Opuestos ~La Sombra del Poder~ (パスは失敗~力の影~ lit. Pasu wa shippai ~Chikara no kage~) Es el primer capítulo de la Saga Caminos Opuestos, así como una continuación directa de la Saga El Silencio de un Muerto Corazón.

Tras encontrar el origen de los objetos que habían sido encontrados por Kozuke y Yorumaru, una peculiar visita se adentró en las instalaciones de la Mansión, buscando desesperadamente a los dirigentes de la organización, levantando sospechas entre los miembros de ésta, quienes no pudieron hacer más que llevarlo junto a éstos; junto a Kozuke, Shiro y Yorumaru.

El Heredero de las Sombras
-L'orgueil-

0pxv/Bb1ZjS7vrOA0 零地点 ~ Zero Point


"Oculto tras las nubes, el sol brilla, más no brinda a los humanos la luz que a su Dios piden".


La mañana había llegado una vez más, y junto a ésta, había llegado lo que parecía ser un mensaje alarmante a los miembros de Akatsuki Afterlife...

"Se acercan dos personas a la Mansión; ¡No Podemos sentir ninguna clase de energía por su parte!"

Aquella advertencia, pasada de boca en boca por cada uno de los soldados de Shiro, hasta llegar a manos de su dirigente, no parecía haber preocupado en lo más mínimo a los miembros de la organización, más, de alguna manera, había incomodado excesivamente a Yorumaru y a Shiro, quienes, tras haber presenciado, indirectamente, la voluntad de Satariel, fallecido dirigente del Último Batallón, parecían saber que algo estaba por ocurrir en los terrenos de la Mansión...

Shiro, sin pensarlo dos veces, pidió a sus soldados mantenerse alertas, más, por alguna razón, no dio ninguna clase de orden ofensiva, ni mucho menos una defensiva...

Ordenando a todos los miembros de la organización el salir de su base de operaciones, Yorumaru se dispuso a hacer guardia, junto a Shiro, en la entrada de la Mansión, esperando, pacientemente, a que aquellos dos sujetos, totalmente cubiertos con capas de color negro, se acercaran a ellos...

De alguna manera, ambos no parecían estar preocupados por lo que aquellas personas pudieran causar a los terrenos de la organización, o a los propios miembros de la misma; al fin y al cabo, solo eran dos personas, quienes parecían estar desarmadas...

Yorumaru: Deberías empezar a pensar en buscar nuevos soldados...No sé si los escuchaste, pero dijeron que no podían sentir nada por parte de esos sujetos...

Comenzando a caminar, hacia la dirección en la que se encontraban las dos figuras encapuchadas, quienes parecían estar cada vez más cerca de la Mansión, Yorumaru se empeñó en alcanzarles antes de que pudieran llegar a la misma, siendo así seguido por Shiro...

Yorumaru: ...Su Chakra parece ser incluso menor que el de un niño...Tal vez por eso ellos no pudieron sentirlo...

Shiro: ¿Niños? Debes estar bromeando...

Deteniéndose, Yorumaru estiró su brazo derecho frente a él, extendiendo su mano, como si se encontrara por saludar a alguien...Más, obviamente, nadie se encontraba frente a él...

Shiro: ¿Qué haces?

Yorumaru: ¿Acaso quieres recibir de mala manera a tus invitados?

Shiro, quien había dirigido su mirada a Yorumaru al realizar su pregunta, pudo darse cuenta de que, al centrar una vez más su vista en el horizonte frente a él, aquellas dos figuras, los dos sujetos a los que parecían estar esperando, uno mucho más alto que el otro, ya se encontraban delante de ellos...

En un total silencio, la figura de menor estatura tomó la mano de Yorumaru, respondiendo así a su saludo, mientras, con su mano izquierda, retiraba la oscura capa que cubría su rostro...

Yorumaru: Es un placer poder recibirlos...¿En qué podemos ayudarles?

Shiro, extrañado por la manera en la que Yorumaru trataba a aquellos sujetos, no hizo más que observarles, tanto a él como a sus acompañantes, esperando a que cualquiera de ellos hiciera un movimiento en falso...

???: ¿Podemos acompañarles?

El sujeto, de baja estatura y cabello blanco, con una apariencia similar a la de Shiro, y con una voz que no hacía más que mostrarlo a todos como un infante, respondió a la pregunta de Yorumaru, quien, tras escucharle, se hizo a un lado, pidiéndole a Shiro que fuera él primero hasta la mansión, y que advirtiera a todos que llegarían con dos acompañantes...

Shiro, obedeciendo la petición de Yorumaru, regresó a la mansión, y tal como éste se lo había pedido, advirtió que dos visitantes, aquellos que habían sido informados como invasores, llegarían a la mansión junto a él...

Y así fue...Pocos minutos pasaron, hasta que Yorumaru abrió una vez más las enormes puertas de la mansión, entrando a ésta, al enorme salón de la misma, acompañado por dos personas más...

Yorumaru: Adelante...Pasen.

Para sorpresa de la gran mayoría de los presentes, quienes pensaban que se trataba de sujetos amenazadores, debido a la exagerada alarma que habrían dado los soldados de Shiro tras verlos, se dieron cuenta de que, según lo que podían ver, no eran más que un niño y una mujer joven, o al menos, personas con una edad relativamente corta...

Franken: Entonces...¿Ellos son los visitantes de los que tanto alardea Shiro?

Franken, quien se encontraba sentado en uno de los innumerables asientos de la enorme mesa del salón, se puso en pie, acercándose así a Yorumaru y a sus dos acompañantes, presentándose ante éstos...

Franken: Mi nombre es Franken, Franken Stein...

Inclinándose ante ambos, Franken se empeñó en actuar de la manera más educada que pudo, como si se tratara de invitados que nunca más podría volver a ver...Tal vez habían sido pocos los invitados que pudo ver con vida en la Mansión, después de Tsubomi y Hitomi...

???: Mi nombre es Himorogi, Ōyashima Himorogi...Ella es Shinki, Amatsuka Shinki.

Presentándose no solo ante Franken, sino ante todos los presentes, y presentando también a su acompañante, Himorogi no hizo más que retirar por completo su capa, la cual llevaba aún sobre sus hombros, haciéndola desaparecer entre una pequeña nube de humo blanquecino...

Itami: ¿Qué buscan?

Amenazador, Itami preguntó con brusquedad a Himorogi y a Shinki cuál era la razón por la que estaban en la mansión, siendo retenido por Yashamaru, quien, de alguna manera, logró que se calmara...

Shinki: Somos miembros del Letz Batalion...Lo siento...Supongo que no nos hemos presentado como es debido...

Preocupado, tras haber escuchado que ambos sujetos eran parte del Último Batallón, Shiro no pudo hacer más que guardar para sí mismo su alarmismo, pues parecía que ambos no venían a perjudicarlos...

Shinki: Mi nombre es Amatsuka Shinki; soy una de las actuales Tenientes Coroneles del Último Batallón.

De mala gana, Himorogi, al igual que Shinki, procedió a presentarse, pronunciando, de la misma manera, su cargo dentro del Batallón...

Himorogi: Mi nombre es Ōyashima Himorogi...Soy uno de los actuales Coroneles del Último Batallón...

Un profundo silencio había cubierto enteramente el salón de la mansión, pues, de alguna manera, todos parecían estar esperando un mismo acto por parte de ambos miembros de batallón; esperaban escuchar de éstos la razón por la que habían llegado a los terrenos de la organización...

Shinki: Estamos aquí para recuperar el cadáver del anterior Coronel, Szayel Granz...

Himorogi: ...Por otra parte, necesitamos entregarles algo.

Extrañada, mientras era interrumpida por su compañero, Shinki, de pie junto a éste, no siguió hablando, pues ahora esperaba saber a qué se refería Himorogi...

Himorogi: Hace un tiempo, se le fue entregada la Guadaña de Satariel Yami a uno de los miembros de ésta organización...Existe una más de sus pertenencias que deben ser regresadas a éste lugar...

Haciendo memoria, tras escuchar las palabras de Himorogi, Shiro recordó que, durante la guerra iniciada por el propio Szayel, y de alguna manera que él aún desconocía, se le fue entregada la Guadaña de Satariel, arma que, al día de hoy, mantenía, como una suerte de trofeo de Guerra, en uno de sus laboratorios...

Comenzando a caminar, y acercándose lentamente hacia Yorumaru, quien se encontraba ahora de pie junto a Shiro, Kozuke y Franken, Himorogi introdujo su mano en el interior de su abrigo, sacando de éste un pequeño sobre, el cual, sin limitación alguna, entregó a éste...

Himorogi: Mi única labor en éste lugar era el entregarle ésto...Más aún tengo muchas preguntas que quiero que me responda...

Shinki: S-Señor...El Cuerpo del señor Sz-

Una vez más, interrumpida por las palabras de Himorogi, Shinki tuvo que limitarse a guardar silencio, siendo observada por los vacíos ojos de su maestro...

Himorogi: El cadáver de Szayel no es más que una pieza de su propia investigación...El llevárnoslo de aquí solo hará que muchos más soldados se vean perjudicados por ella...De todas maneras...Esa era tu misión, no la mía.

Tomando el sobre que se le fue entregado por Himorogi, Yorumaru, tratando de contener su intolerancia hacia la manera en la que éste trataba a su subordinada, guardó el sobre en su abrigo, y exclamó una sola oración hacia su invitado...

"Trataré de responder cada pregunta que puedas realizar, siempre que moderes tu comportamiento".

Elevando su mirada, hasta encontrarse con los entrecerrados ojos de Yorumaru, Himorogi aceptó a su acuerdo, y dándole la espalda, caminó una vez más, hasta quedar justo al lado de su acompañante...

Dirigiéndose hacia Shiro, Yorumaru exclamó una última petición, antes de retirarse, junto a Shinki y Himorogi, a la biblioteca de la Mansión...

Yorumaru: Dile a tus empleados que preparen una habitación para ellos...Tal vez ésto se prolongue varios días...

Shiro: Trata de no bajar la guardia...

Asintiendo levemente con la cabeza, Yorumaru no dijo una sola palabra tras escuchar la petición que el propio Shiro le había dado, respondiendo solo con el frío movimiento que había realizado...

Acercándose a Shinki y Himorogi, Yorumaru se dirigió a éstos, indicándoles que debían de seguirlo, para así llegar a la biblioteca de la Mansión...

Yorumaru: Traten de no alejarse de mi, por favor...

Pronunciando una última oración, Yorumaru comenzó a caminar, siendo seguido por sus invitados, quienes parecían hacer caso omiso a los demás miembros que se encontraban en el salón...

...Podrían perderse.

Siguiendo a Yorumaru, ambos miembros del batallón no podían hacer más que limitarse a ver el estrecho pasillo por el que se encontraban caminando, hasta que, tras un profundo estruendo, su guía abrió lo que parecía ser una pequeña puerta de madera, a través de la cual, y para sorpresa de Shinki, se encontrarían con una enorme biblioteca, la cual incluso duplicaba el tamaño del salón principal de la mansión...

Shinki: T-Todos éstos libros...

Extrañado por la respuesta de Shinki al ver la cantidad de libros que se encontraban en la biblioteca, Yorumaru procedió a responder a lo que había dicho, interrumpiéndole de la misma manera en la que lo había estado haciendo Himorogi, por mucho que a éste le disgustaba...

Yorumaru: Más de mil libros, reunidos por Satariel y Alastor Zerkuro, nuestro anterior líder...Por mucho, ésta es una de las habitaciones más valiosas de la Mansión...Al menos en el ámbito educacional, el cual no parece atraer a muchos de los que aquí habitan...

Dejando escapar una silente risa ahogada, Yorumaru procedió a terminar su oración, ofreciendo a sus acompañantes que tomaran asiento en una pequeña mesa, justo en el centro de la inmensa biblioteca...

Yorumaru: ...Es gracioso...Nadie creería que paso más tiempo aquí que cualquier otra persona en ésta mansión.

Tomando asiento junto a Shinki y Himorogi, justo frente a ambos, Yorumaru procedió a decir una última frase, para concentrarse así en lo que Himorogi querría participarle...

Y bien...¿De qué desean hablar?

La Fabula de los Siete Pecados
-L'avarice-

0pxv/n3C96n71-G80 リンネ ~ Rinne


"Librándose de cualquier interferencia, el fuego arrasa con todo aquello que su luz impida ver".

Encerrados entre una infinidad de libros, Shinki y Himorogi, totalmente estáticos frente a Yorumaru, sentados en la pequeña mesa en la que éste, a espaldas de los demás miembros de la organización, trataba de separarse de su propia realidad, adentrándose en las historias que éstos contaban...

Esperando que sus acompañantes dijeran la más mínima palabra, Yorumaru se mantenía firme frente a éstos, esbozando una suerte de sonrisa en su rostro, mientras sus entrecerrados ojos se centraban en la fría mirada de Himorogi, quien, como si respondiera a los deseos de su anfitrión, pronunció su primera pregunta...

¿Sabe usted lo que es un Pecado?

Sin cambiar la expresión de su rostro, Yorumaru, confundido, respondió a la pregunta de Himorogi, mientras colocaba su mano izquierda sobre la mesa, justo frente a él...

Yorumaru: Para mi, no son más que las acciones humanas...Todas y cada una...Si mal no recuerdo, eso es lo que pensaban en el batallón hasta que Satariel murió...

Himorogi: Su respuesta no se aleja mucho de la mía...Para mí, el pecado es la razón por la que el Último Batallón existe, pues nosotros somos los encargados de eliminarlo...La miseria humana, la miseria demoníaca...Toda clase de miseria, toda clase de odio y, de ser necesario, toda clase de existencia.

Totalmente en silencio, Yorumaru retiró su mano de la mesa, para luego introducirla en el interior de su abrigo, sacando así de éste la carta que, momentos atrás, Himorogi le habría entregado...

Yorumaru: Antes de seguir con éste interrogatorio, me gustaría hacerte una pregunta...¿Ésta carta tiene algo que ver con lo que me preguntas?

Himorogi: Lo siento; no lo sé...

Confundido, Yorumaru colocó el blanco contenedor de papel sobre la mesa, sosteniéndolo con su mano izquierda, mientras dirigía su mirada a sus acompañantes, haciéndoles una última petición, antes de introducirse a sí mismo en el contenido de la misma...

Yorumaru: ¿Les molesta si leo ésta carta frente a ustedes?

Respondiendo con un ligero movimiento de su cabeza, Himorogi aseguró a Yorumaru que podía leer la carta, pues ésto no le causaría ninguna molestia a él o a su subordinada...

Curioso, Yorumaru tomó la carta con su mano derecha, abriéndola con un leve movimiento de su mano izquierda, sacando así del blanco sobre un papel, con la misma pulcritud, escrito en una letra aparentemente perfecta, con trazos totalmente limpios...

Para aquél capaz de ofuscar mi paciencia.


Tal vez ya lo haz descubierto; mi fin parece no haber llegado, y tal vez nunca llegue.
Espero que lo hayas pensado ya, pues parece ser que haz rechazado mi segunda oferta también.
¿Acaso no lo vez?
Sigues siendo uno de nosotros.
Sigues pensando en mi existencia, en la suya, y en la tuya misma.
¿Por qué lo sigues haciendo?
¿Por qué sigues creyendo en nosotros?
¿Por qué sigues recordándonos?
Si aún puedes recordarnos...
¿Por qué no puedes recordarte a ti mismo?
¿Por qué ya no puedes creer en ti?
¿Por qué?

Te Ofrezco una nueva vida.
Una nueva existencia.
Un nuevo Potencial.
Un Nuevo sueño.
¡Y tú solo lo rechazas!
¿Por qué lo haces?
¡¿Por qué simplemente no me aceptas?!
¡¿Por qué simplemente no te aceptas?!

Aún ahora, después de todos tus rechazos, me encuentro dispuesto a ayudarte, a darte el apoyo que nadie ha podido darte, el apoyo que nadie nunca te dará.
Esperaré tu respuesta, escrita de la negra sangre que reside en tu propio Pecado.

Con Mi mayor Sinceridad...
SatarielYami


Sorprendido, Yorumaru trató de guardarse para sí mismo todo gesto que denotara la manera en la que se sentía...Odio y desconcierto era lo único que invadía la mente de Yorumaru en aquél momento, más sabía que debía ocultar cualquier emoción negativa que pudiese ser perjudicial en aquél encuentro...

Yorumaru: Es gracioso...Hacía mucho que no recibía nada por parte del Batallón.

Introduciendo una vez más el blanquecino trozo de papel en el sobre dentro del cual se le había hecho entrega, Yorumaru se dirigió de nuevo a sus acompañantes, manteniendo una fría sonrisa en su boca...

Yorumaru: Lamento haberles retrasado, no debí haber tardado tanto tiempo leyendo esa carta...

Himorogi, manteniendo su fría y vacía expresión, dirigió su mirada hacia Shinki, dirigiéndose a ella con su mejor expresión de aburrimiento...

Himorogi: Trata de distraerte con alguno de los libros de éste lugar, por favor...

Asintiendo con la cabeza, Shinki acató la orden de su maestro, levantándose así de su asiento, y alejándose de la pequeña mesa frente a la que se encontraba...

Una vez se percató de que Shinki se encontraba lo suficientemente lejos de ellos, Himorogi se acomodó en su asiento, con los brazos totalmente erguidos sobre la superficie de la mesa, sosteniendo así con sus manos su rostro, de apariencia delicada...

Himorogi: Proseguiré, si no le molesta...

Yorumaru: (Riendo) Adelante...

De alguna manera, Yorumaru parecía estar totalmente tranquilo, sabiendo que podría distraerse de lo que había leído, ésto gracias a las preguntas de Himorogi y, despreocupado, no hizo más que acomodarse a sí mismo en su asiento, apoyándose, de la misma manera en la que lo había hecho su acompañante, en la superficie de sus manos entrelazadas...

Himorogi: Su respuesta a mi pregunta manera en verdad me ha satisfecho, he de admitirlo...Obviamente, usted no ha recibido la misma educación que he recibido yo dentro del Batallón...Usted fue uno de nosotros; supongo que puede recordarlo...

Yorumaru: Así es, lo fui...

Regresando a una firme posición en su asiento, Yorumaru respondió a la aclaratoria de Himorogi, con una forzada tranquilidad...

Himorogi: A muchos de nosotros, los miembros actuales, se nos reeducó para diferenciar así entre lo que serían los 'Pecados comunes' y los 'Pecados capitales'...Y de la misma manera, se nos ordenó el clasificar a nuestros enemigos según cada uno de esos pecados...

Tomando una breve pausa, Himorogi retomó su palabra, tras recobrar el aliento y toser por unos cuantos segundos...Cubriendo su boca, Himorogi se disculpó ante Yorumaru, y prosiguió con su explicación...

Himorogi: ...Según lo que se nos fue inculcado, los individuos y enemigos menores, asesinos, rufianes, ladrones, deben ser clasificados según los Pecados Comunes, aquellos como la Traición, la Herejía y el Deseo...Por otra parte, los individuos de mayor nivel deben ser clasificados según los Pecados Capitales; la avaricia, la gula, la lujuria, la pereza, la envidia, la ira y el orgullo.

Plasmando una burlona sonrisa en su infantil rostro, Himorogi retiró sus brazos de la antigua y pequeña mesa, extendiendo así su mano izquierda frente a sí mismo, como si la ofreciese a Yorumaru...

Himorogi: Solo siete individuos fueron clasificados según los siete Pecados Capitales, hasta hace al menos 50 años, y todos ellos murieron, por consecuencia de su propio pecado...Más, en los recientes años, han nacido al menos tres personas que ostentan uno de esos pecados para sí mismos, no como rango ni distinción, sino como posesión directa...Como una parte de su existencia...

Pausando una vez más su explicación, Himorogi comenzó a toser, con una mayor intensidad, preocupando, de alguna manera, a Yorumaru...

Yorumaru: ¿Te encuentras bien?

Himorogi: Sí, lo siento...Una vez más, lamento haber interrumpido mi explicación...Debe de ser molesto el tener que escuchar la ruidosa tos de alguien mientras habla...

Dejando escapar una pequeña risa, Himorogi se acomodó en su asiento, mientras trataba de respirar profundamente, en un intento de calmar lo que parecía ser un ataque asmático, terminando así, tras calmarse, su explicación...

Himorogi: A lo que quiero llegar...Es que dos de esos poseedores somos Shinki y Yo...Nosotros poseemos los Pecados de la Ira y la Pereza, respectivamente...

Con una notable expresión de curiosidad, Yorumaru trató de aclarar una de las dudas que la última frase de Himorogi le había dejado, haciéndole una pregunta en referencia a ésta con total firmeza...

Yorumaru: Comprendo; ella guarda la Ira, y tú la Pereza, pero...¿Quién es el tercero? y, por si fuera poco, ¿por qué debería de interesarme todo ésto?

Himorogi: El tercer poseedor, y guardián del Pecado del Orgullo...

Plasmando una vez más una pequeña sonrisa en su rostro, Himorogi procedió a terminar su frase, mirando fijamente a los entrecerrados ojos de Yorumaru, de pupila rasgada y de un aspecto demoníaco, en contraste a los suyos; rojos, de igual manera, más totalmente limpios en su interior...

...Es usted

Promesa de Reunión
-L'envie-

0pxv/fkF5dK4C1K80 赤い手 ~ Akaite


"Escondiendo incluso el más pequeño pecado, las sombras, como la inocencia, no desaparecen hasta que la propia luz, cansada de brindar visión a quienes no la aprecian, lo hace".

Tras escuchar, asombrado, las palabras de Himorogi, Yorumaru no hizo más que apoyarse en el blanco sobre de papel que, sobre la mesa, no hacía más que ocupar un pequeño espacio entre éste y él...

Yorumaru: He de admitirlo...La verdad, no me sorprende, viniendo de un integrante del batallón...

Dejando escapar una última risa ahogada, Himorogi se puso de pie, colocando sus brazos detrás de su espalda, caminando al rededor de la desgastada mesa frente a la que se encontraban, al rededor de Yorumaru...

Himorogi: Es curioso...Yo, por mi parte, no esperé causar ninguna clase de reacción en usted, al menos no con una aclaración como la que he realizado.

Deteniéndose, justo detrás de la vieja silla sobre la que, segundos atrás, se encontraba sentado, y quedando una vez más frente a Yorumaru, Himorogi, con una burlona sonrisa en su rostro, se dirigió una vez más a su acompañante...

Himorogi: Más, aún habiendo visualizado su respuesta...Sigo teniendo una pregunta más que hacerle...

Retirando aquella vieja silla de su lugar, para así situarse él en su lugar, apoyándose sobre la mesa, Himorogi se encargó de estar lo más cerca de Yorumaru, para así, borrando la extraña sonrisa que en su rostro se erguía, expresar su última pregunta...

¿Está usted dispuesto a ser uno con su Pecado?

En una situación totalmente diferente, en el salón de la Mansión, se encontraban Shiro y Kozuke, acompañados solo por Hitomi, a quien parecían, de alguna manera, estar interrogando acerca de lo que estaba pasando con Yorumaru en aquél preciso instante...

Kozuke: ¿Podrías explicarte mejor? el que nos digas que le ofrecen ser un pecado no es algo exactamente lógico...

Respondiendo, con dificultad, a las pregunta de Kozuke, Hitomi se había limitado a decir lo poco que podía escuchar por sí misma, y por ende, lo poco que podía entender de la conversación que Yorumaru estaba teniendo con Himorogi...

Hitomi: N-No sé a qué se refieren con eso...Solo pude escuchar que él guarda uno consigo...

Shiro: ¿Un qué? ¿Qué es lo que guarda Yorumaru?

Fuera de sus casillas, Shiro trataba de dirigirse de la mejor manera hacia Hitomi, pues sabía que, más que hacerla enojar a ella, terminaría por alterar a Kozuke, siendo que él trataba de saber qué ocurría en la biblioteca, y sabía que, de alterar a Hitomi, no podrían saber nada de lo que pasaba con Himorogi y Yorumaru...

Hitomi: U-Un Pecado...

Confundidos, y tratando de encontrar un sentido a lo que Hitomi les decía, Kozuke, observando el disgusto de Shiro, no hizo más que pedirle a su pequeña acompañante que se retirara...

Kozuke: Supongo que te hemos presionado demasiado...Lo sentimos; puedes retirarte.

Sin decir una sola palabra, Hitomi asintió con la cabeza, y poniéndose en pie, procedió a salir del salón, dirigiéndose así a los jardines de la Mansión...

Shiro: ¿Cuándo te ablandaste tanto? Ella estaba diciéndonos justamente lo que estaba pasando...

Poniéndose en pie, Kozuke, con una fría expresión en su rostro, respondió a la molesta pregunta que Shiro le había realizado...

Kozuke: Tu y yo somos muy diferentes; lo siento, no pienso aprovecharme de la débil mente de una niña...

Retirándose también de aquella habitación, Kozuke se dirigió hacia su habitación, dejando a Shiro solo, quien, pocos minutos más tarde, terminaría por retirarse hacia sus laboratorios...

Por otra parte, y una vez más en el interior de la enorme biblioteca de la Mansión, Himorogi había detenido por completo su habla, mientras esperaba una respuesta firme por parte de Yorumaru...

Éste, pensativo, no hacía más que dirigir su mirada al frío rostro de su acompañante, quien le observaba con una expresión totalmente inhumana...

Yorumaru: Lo siento...De aceptarlo, tal vez terminaría como los otros siete sujetos...Más allá de eso; dudo que el aceptar tu oferta me beneficie de alguna manera.

Himorogi, totalmente quieto frente a Yorumaru, había comenzado a reír de una manera totalmente descontrolada, extrañando profundamente a su acompañante, quien no podía hacer nada más que observarlo en un silencio total...

Himorogi: ...Terminar como ellos...Realmente no lo ha entendido...

Volviendo a colocar la vieja silla en su lugar, Himorogi tomó asiento una vez más, aún frente a Yorumaru, mientras trataba de calmar su propia respiración...

Yorumaru: ¿Qué es lo que no he entendido?

Himorogi: ...Nosotros no podemos terminar como ellos, pues, simplemente...Ya no existimos.

Los minutos pasaron, y un profundo silencio cubrió por completo la inmensidad de la biblioteca, el cual fue roto por Himorogi con una breve frase...

Himorogi: Creo haber escuchado que usted pidió a su compañero que prepararan una habitación para nosotros...Espero que no seamos una molestia, más no puedo retirarme hasta escuchar su respuesta...Ha de ser algo curioso que le ordenen algo en su propia base de operaciones...Lo siento...De no recibir una respuesta por su parte...Simplemente, supongo que deberá lidiar con dos intrusos por un largo tiempo.

Poniéndose de pie, a la par con Himorogi, Yorumaru expresó una vez más sus dudas a su acompañante, mientras guardaba el blanco sobre en el que se encontraba la carta que éste la había entregado, una vez más, en su negro abrigo...

Yorumaru: ¿En qué me beneficiaría el aceptar algo como un Pecado? ¿En qué beneficiaría a mis compañeros?

Justo frente a Yorumaru, Himorogi no hizo más que elevar su mirada, plasmándola justo en los ojos de su acompañante, respondiendo así, de una manera poco directa, a su interrogante...

Himorogi: Usted desea proteger a sus compañeros, de la misma manera en la que ellos lo hicieron el día en que llegó a éste lugar...De aceptar su pecado, obtendría el poder necesario para protegerlos de cualquier cosa...El poder para protegerlos incluso de su propio destino.

Yorumaru: Comprendo...

Las horas pasaron, tras la respuesta final de Yorumaru; una simple frase que, de alguna manera, pareció elevar las esperanzas de Himorogi sobre una decisión positiva por parte de su acompañante...

...Lo Pensaré.

La noche había vuelto a caer, tras un día aparentemente normal para el resto de los miembros de la organización...

En efecto, Shiro se había encargado de que sus trabajadores prepararan una habitación para Shinki y Himorogi, quienes, mucho antes que el resto de habitantes de la mansión, terminaron por dirigirse a ella, principalmente para tratar de calmar la aparente enfermedad respiratoria de Himorogi, quien habría sufrido una gran cantidad de ataques asmáticos a lo largo del día...

Por otra parte, Shiro, Kozuke y Yorumaru, quienes se encontraban, como de costumbre, en el viejo despacho de Alastor, no hacían más que tratar de discutir sobre lo que había estado ocurriendo con sus invitados...

Los minutos pasaron, y ninguna explicación lógica apareció de entre los tres Shinobi, quienes, uno por uno, fueron retirándose a sus propias habitaciones, siendo Yorumaru el último en dejar los aposentos de su maestro...

Dirigiéndose a los sótanos de la Mansión, Yorumaru no podía alejar su mente de la pregunta que Himorogi le había hecho horas atrás...

"¿Está usted dispuesto a ser uno con su Pecado?"

Aquella frase, en contraste con el profundo silencio que cubría a Yorumaru, no hacía más que resonar en su mente, como si no existiera nada más dentro de ella que no fuese esa interrogante...

Traspasando la desgastada puerta de su habitación, en el interior del oscuro sótano en el que se encontraba, Yorumaru se encontró con Hitomi, quien, de alguna manera, parecía estar preocupada por algo...

Sentada en la pequeña cama de Yorumaru, rodeando sus rodillas con sus brazos, ésta no hacía más que dirigir su mirada al pálido rostro de su acompañante...

Yorumaru: (Susurrando) Ya deberías de estar durmiendo...

Caminando hasta quedar justo al lado de Hitomi, Yorumaru procedió a sentarse, de igual manera, sobre su cama, esperando así una respuesta por parte de su acompañante...

Hitomi: No puedo dormir...

Soltando sus rodillas y acostándose sobre las sábanas de la cama, dobladas, justo a su lado, Hitomi le dio la espalda a Yorumaru, cerrando los ojos, tratando de ocultar, justo segundos antes de caer dormida, lo que, para ella, no era más que una muestra de la humanidad que no poseía; sus propias lágrimas...

Yorumaru: (Pensando) Ya veo...Al final, parece que no somos tan diferentes...

Dirigiendo su mirada hacia Hitomi, mientras, de igual manera, se acostaba sobre la desgastada superficie de su cama, Yorumaru se permitió a si mismo un último pensamiento, justo antes de caer, al igual que su pequeña acompañante, en un profundo sueño...

...Ambos seguimos siendo asediados por nuestra tristeza.
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