Caminos Opuestos
~La Ignorancia de los Caídos~
Caminos Opuestos ~La Ignorancia de los Caídos~.png

(パスは失敗~戦死者の無知~, Pasu wa shippai ~Senshi-sha no muchi~)

Información
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Saga Caminos Opuestos (Saga)

"Tras escapar de su propio cautiverio, el ángel, desesperanzado por completo, observó como su propuesta era rechazada.
El baile que liberaría la luz que en su interior se encontraba jamás se llevaría a cabo
".

Caminos Opuestos ~La Ignorancia de los Caídos~ (パスは失敗~戦死者の無知~ lit. Pasu wa shippai ~Senshi-sha no muchi~) Es el segundo capítulo de la saga Caminos Opuestos, así como la continuación directa de Caminos Opuestos ~La Sombra del Poder~.

Centrado solo en la extraña propuesta de Himorogi, Yorumaru trataba de decidir su respuesta.
El aceptar aquella petición podría ayudarlo a defender a sus seres queridos; más, por otra parte, podría ser todo lo contrario. Todo ahora tendía de un hilo; un hilo unido entre la razón y el Orgullo.
El negar aquella propuesta podría, de igual forma, acaecer no solo daño para sí mismo, sino para aquellos a quien siempre quiso proteger, más al aceptarla podría tener el mismo final.

El Sueño Infernal
-La Paresse-

0pxv/x89FJTzqEAU0 アリス ~ Alice


"Ofreciendo su despertar a su Dios, dio paso a un sueño eterno, que le otorgaría la voluntad suficiente como para mantenerse en su dulce y acogedora morada; su propia mente".


La mañana había llegado una vez más, y junto a ésta, el momento en el que Yorumaru había elegido responder a la proposición de Himorogi se acercaba...

Con total tranquilidad, y junto a Hitomi, como cada mañana, desde el día en el que ésta llegó a la mansión, Yorumaru dejó su habitación, en los profundos sótanos de la mansión, para dirigirse así al gran Salón de la Mansión...

Sin decir palabra alguna, y con una expresión totalmente nula en su rostro, Yorumaru caminó, con la mirada fija en Himorogi quien, sentado en una de las muchas sillas de la mesa que en el salón se encontraba, silencioso, observando solo como Shiro y Tsubomi hablaban con Shinki, observando su aparente felicidad, oculto entre las sombras de un profundo aburrimiento...

Siendo frenado por Kozuke, quien lo tomó del hombro, con una aparente calma, Yorumaru no pudo hacer más que frenar su caminar, mientras observaba, temeroso, como Hitomi, sin dudarlo, seguía caminando hacia el lugar dónde se encontraban Shinki, Himorogi, Shiro y Tsubomi...

¿Haz elegido bien?

Volteando la mirada, para dirigirla así hacia Kozuke, Yorumaru, con una somnolienta expresión, respondió a la interrogante de su compañero...

Eso supongo...Lo siento; tanto tú como yo sabemos que no es normal que te pregunten si quieres aceptar ser el guardián de un Pecado...

Comenzando a caminar una vez más, dejando atrás a un cabizbajo Kozuke, Yorumaru se dirigió, de nuevo, hacia Himorogi, con la intención de otorgarle a éste la respuesta que tanto había estado esperando...

Una vez se encontró frente a Himorogi, Yorumaru tomó una de las sillas que se encontraban a su lado, sentándose en ésta...

¿Ya ha decidido?

En un tono de aburrimiento más que notable, Himorogi había formulado una pregunta más para Yorumaru, quien, en respuesta a aquella interrogante, asintió con la cabeza, mientras observaba como su acompañante se ponía en pie, pidiéndole que le acompañase...

Himorogi, acompañado por Yorumaru, se había dirigido al exterior de la mansión; Sin más, aquél chico, aparentemente adormecido, volteó por completo su cuerpo, quedando frente a frente hacia Yorumaru, mirándolo fijamente con sus rojizos ojos...

Himorogi: Entonces ¿Qué ha elegido?

Ahora firme, Yorumaru había dirigido su mirada fijamente a los rojizos ojos de su acompañante, preparado para brindarle a éste la respuesta que éste estaba esperando...

Acepto ser el guardián de mi Pecado.

De alguna manera, la respuesta de Yorumaru había logrado dibujar una sonrisa en el pálido rostro de Himorogi, quien, estirando su mano frente a su acompañante, no hizo más que pronunciar una oración más...

En vista de eso ¿Acepta usted nuestra existencia?

Confundido, Yorumaru se limitó a expresar su actual duda a Himorogi, sin apartar su vista de sus ahora entrecerrados ojos...

Yorumaru: ¿Aceptar su existencia?

Himorogi: Creo habérselo mencionado antes...Nosotros, simplemente, ya no existimos para nadie más...

Cerrando completamente sus ojos, y esbozando una infantil sonrisa en su rostro, Himorogi terminó, su oración, respondiendo así, finalmente, a aquella tan curiosa interrogante que Yorumaru se había planteado...

...Pues, nosotros ya hemos muerto.

Cabizbajo, Yorumaru no hizo más que responder a la anterior pregunta de Himorogi, recordándose a sí mismo que ya no quedaba ninguna humanidad en él; él ya había muerto, y ahora, al igual que Himorogi y Shinki, se haría cargo de la herencia que su partida le había dejado...

Así es; creo en su existencia, tanto como creo en la mía propia.

Abriendo sus ojos una vez más, aún con su mano frente a Yorumaru, Himorogi esperó hasta que su acompañante la tomara, como si de un saludo se tratara, para pronunciar así lo que sería el principio de una larga pesadilla para el miembro de Akatsuki Afterlife...

Por favor; regrese a su profundo sueño, y emerja de la misma manera en la que un fénix lo haría...
...Por favor, regrese, Coronel
.

El Odio del Inexistente
-La Colère-

0pxv/oMrPENnkiH80 パラジクロロベンゼン 〜 Paradichlorobenzene


"Ofreciendo su cordura a alguien inferior a él, dio paso a una pesadilla sin un aparente final, que le otorgaría la locura suficiente como para mantener su ahora destruida existencia como un vacío en el Infierno".


Cayendo de rodillas frente a Himorogi, Yorumaru, totalmente indefenso ante éste, había comenzado a reír descontroladamente, mientras alzaba su mirada, antes fija en el suelo, hacia el inmóvil y despavorido rostro de su acompañante...

Poniéndose de pie, lentamente, Yorumaru, aún sumergido entre sus extrañas risas, pronunció una frase en un tono de voz totalmente diferente al suyo propio; incluso más profunda que los rugidos de la bestia que guardaba en su interior, aquella voz, totalmente inhumana, había logrado estremecer a un inexpresivo Himorogi...

Entonces...
¿Es éste el nuevo mundo que me han prometido?

Cubierto entre sombras, el cuerpo de Yorumaru había comenzado a expulsar una serie de leves ráfagas, de un color puramente ennegrecido, mientras, risueño, esperaba una respuesta por parte de su acompañante, quien, enmudecido, no hizo más que arrodillarse frente a él...

Yorumaru : Ya veo...A pesar de haber sido tú quién me liberó, ahora temes a mi presencia.

Disponiendo su mano izquierda justo delante de él, Yorumaru pidió a su acompañante que se pusiera en pie, y éste, aceptando la petición de su ahora aparente superior, no hizo más que levantarse, quedando frente a frente con éste una vez más...

Totalmente diferente a como se había planteado aquella grotesca escenas momentos atrás, cuando Yorumaru siquiera había respondido a la ahora lejana pregunta que hacía un día atrás se le había procurado por primera vez, ahora Himorogi, totalmente sumido en un completo e ilógico temor, trataba de evitar a toda costa la mirada de Yorumaru, la cual ahora se asimilaba más a la de una serpiente u otro reptil, que a la de un humano...

En verdad, es un placer el poder conocerlo personalmente...

Poniendo de lado su notable temor hacia la actual actitud de Yorumaru ante él, Himorogi fijó su mirada en los amenazadores ojos que con tanta frialdad lo miraban, terminando así con su oración, entre ahogadas palabras...

...Realmente, es un placer conocerlo...
...Maestro.

Dándose la vuelta, el totalmente cambiado Yorumaru vio de reojo la enorme mansión que a sus espaldas se encontraban, mientras, frente a Himorogi, hacía desaparecer las negras flamas que de su cuerpo emergían...

Yorumaru : Ésto debe comenzar lo más rápido posible...¿Está él aquí ahora?

Caminando hasta quedar justo a su lado, Himorogi, volteando su mirada hacia él, respondió la pregunta de Yorumaru, mientras, adolorido, posaba su mano derecha sobre su pecho...

Himorogi: Así es; está en ésta mansión...Estuvo muy cerca de usted durante los últimos meses, es sorprendente que hayamos tenido que pasar por tan poco trabajo para hallarles...

Yorumaru, volteando la mirada hacia Himorogi, mientras caminaba, junto a éste, hacia la entrada de la mansión, detuvo sus pasos, y sin apartar sus ojos de éste, quien presionaba con fuerza sobre su pecho, no hizo más que dirigir a Himorogi sus vacías palabras...

Yorumaru: Aún puedo recordar las cosas que ese Jinchūriki vivió en éste lugar, eso será de gran ayuda...¿Iremos directamente por tu objetivo...

Plantando una enfermiza sonrisa en su rostro, Yorumaru procedió a terminar su oración, mientras notaba como el rostro de su acompañante no hacía más que denotar no solo miedo, sino asco y desesperación...

...O me permitirás destruir la pequeña ilusión que ha creado mi contenedor?

Evitando la mirada de Yorumaru, Himorogi contestó a su funesta pregunta, fijando sus ojos en el suelo...

Himorogi: Haga lo que desee...Solo no cause daños a la estructura de éste lugar...Posee incluso más secretos que la tumba del señor Satariel...

Sin decir ni una palabra más, Yorumaru caminó hasta entrar en el enorme salón principal de la mansión, dejando atrás a Himorogi, quien terminó por quedarse en los jardines de la misma...

Todo ese Chakra...
¿Qué demonios nos han hecho liberar?

Aquellas palabras, resonantes en la mente de Himorogi, no habían hecho más que hacerlo entrar, tardíamente, en razón...

Desenfundando una brillante pistola plateada, Himorogi caminó hasta llegar al cementerio que se encontraba en los jardines principales de la mansión y, tomando asiento frente a la primera lápida de la primera columna de éstas, no hizo más que dirigir una pequeña oración a quien alguna vez fue uno de sus superiores...

En dónde sea que estés, Szayel...
Estás más seguro que todos nosotros en éste momento

En el interior de la mansión, el abrupto cambio que Yorumaru había sufrido era más que notable, y por ello, pocos minutos pasaron para que Kozuke y Shiro se pusieran en guardia frente a él, empuñando sus espadas frente a quien consideraban casi un hermano...

Shiro: Todo ese Chakra...Es como si no fuera él...

Abalanzándose sobre él, espada en mano, Kozuke trató de comprobar si en verdad se trataba de su compañero, empleando sus Jutsus interdimensionales para aparecer detrás de él justo cuando estaba por atacarle de frente...

Yorumaru: (Riendo) Es en verdad muy gracioso...

Recibiendo por completo el corte que Kozuke había realizado en su espalda, Yorumaru no hizo más que caminar un paso delante del sitio en el que se encontraba, sin siquiera prestarle atención a la herida que éste le había causado, la cual, casi instantáneamente, había comenzado a cerrarse, entre oscuras llamas negras...

Una vez más, empleando sus habilidades dimensionales, Kozuke regresó al lado de Shiro, bajando su arma, mirando fijamente a Yorumaru, quien, totalmente en calma, no hacía más que mover su lengua entre sus labios...

Shiro: ¿Era necesario que hicieras eso?

Kozuke: Tal vez no logré detenerlo, ni nada por el estilo, pero...Al menos he podido comprobar que se trata de él...

Confundido, Shiro esperaba que Kozuke le explicara la razón por la cual aseguraba que el sujeto que ahora, inmerso por completo en cantidades inhumanas de Chakra, era su compañero...

Kozuke: Al cortar la parte posterior de su abrigo, antes de que pudiera cortar su piel, y obviamente, antes de que se regenerara, pude notar una enorme cicatriz en su espalda...

Volviendo a ponerse en guardia, mientras notaba que, ocultas tras las enormes puertas del salón, se encontraban Shinki y Tsubomi, Kozuke terminó su oración, ahora preocupado por lo que pudiera pasar a las Kunoichi...

...La cicatriz de la herida con la que Alastor lo asesinó, antes de volverlo lo que es Ahora.

Dándose la vuelta, Yorumaru alzó su brazo derecho, en dirección a la puerta detrás de la cual se encontraban Shinki y Tsubomi...

Lo siento...Su amigo se ha ido, y dudo que puedan volver a verlo.

Justo antes de que pudiera hacer cualquier cosa, Kozuke apareció frente a Yorumaru, y con un corte certero, logró amputar por completo el brazo de Yorumaru, el cual, justo antes de caer al suelo, no hizo más que convertirse en una especie de bruma negra, volviendo, en ese estado, a juntarse con el resto de su cuerpo, tomando una vez más su forma inicial...

Kozuke: Tu pelea es contra nosotros...Déjalas por fuera...

Kozuke, sin apartar la vista de su compañero, se acercó a la parte posterior de la puerta que servía de aparente refugio para Tsubomi y Shinki y, utilizando una vez más su habilidad, mientras notaba como su energía poco a poco decrecía, por la cantidad de usos que le había dado en tampoco tiempo, se encargó de llevarlas al interior del laboratorio de Shiro, para luego volver al salón que ahora, sin señales de serlo, se había convertido en un campo de batalla...

Yorumaru: Supongo que el luchar con ustedes será entretenido...Déjenme presentarme...Mi nombre es Kaitō Daisuke...Por favor; no se molesten en presentarse...

Plasmando una enorme sonrisa en su rostro, mientras hacía aparecer una vez más las sombras que, en un principio, habían estado cubriendo su cuerpo enteramente, terminó con su oración, mirando fijamente a sus adversarios, como una persona totalmente diferente; como el anterior Coronel del Último Batallón...

...La mente de su querido compañero es como un gran libro de vida sobre sus amigos...
¡Sé todo acerca de ustedes!

Finalizando su oración con una resonante risa burlona, Yorumaru; no, Daisuke; no hizo más que permanecer en total inmovilidad, esperando a que sus adversarios realizaran el primer movimiento, invitados por las palabras que, tras solo segundos después de su risueña expresión de locura, habría pronunciado...

Adelante
¡Muevan su primer Peón!

Un Inhumano Corazón
-La Luxure-

0pxv/KK4042B9oPs0 Secret ~Black Vow~


"Ofreciendo su propio Sueño a su Amado, dio paso a un nuevo despertar, que le otorgaría la voluntad suficiente como para escapar de su mente, para dirigirse así hacia la entrada del Purgatorio".


Mientras su enemigo no hacía más que mirarlos fijamente, cubierto entre sus rebosantes sombras, con una enorme sonrisa en su rostro, Kozuke y Shiro no podían hacer nada que no fuera planear una manera de atacarlo mediante la cual, de ser posible, no dañaran el cuerpo de Yorumaru...

Aquél sujeto, que se había llamado a sí mismo Kaitō Daisuke, parecía incluso no estar prestando atención a lo que sus adversarios hacían; aún cuando su mirada no se apartaba de ellos, parecía no preocuparle en lo más mínimo el daño que sus ataques pudieran hacerle, ni las estrategias que pudieran estar planeando usar contra él...

Pensé que ésto sería más divertido...
...Realmente, no me explico como pueden descuidar tanto a un enemigo, tardando tanto en reprimierlo...

Solo segundos habían pasado, desde que Daisuke pronunció aquellas palabras, y de un momento a otro, su cuerpo, el cuerpo de Yorumaru, había aparecido justo frente a Shiro y Kozuke, atacando con brusquedad a éste último, con un único golpe, propinado con el puño en su estómago...

...Realmente son muy descuidados.

Mientras observaba como Kozuke caía al suelo, desapareciendo pocos segundos después de hacerlo, gracias a sus portales, Shiro procedió a alejarse de su contrincante, empuñando firmemente su espada, la Kusanagi solo una vez se había alzado contra Yorumaru, y que ahora buscaba no solo asustarle, sino incluso acabar con él...

Apareciendo justo detrás de él, Kozuke logró propinar una patada en el cuello de Daisuke, logrando distraerlo durante unos pocos segundos, los cuales utilizó para trasladarse junto a Shiro, a varios metros de su atacante...

Daisuke: ¡Vamos! ¡Hagan de ésto un digno encuentro entre asesinos!

Riendo con todas sus fuerzas, tras pronunciar aquellas palabras, Daisuke, totalmente sumido entre sus sombras, se abalanzó contra Shiro y Kozuke, tal como éste último lo había hecho momentos atrás...

No atacándolo, lo único que Daisuke hizo al estar frente a Kozuke fue tomar la negra y reluciente hoja de su Katana con su mano derecha, y aún frente a él, de alguna manera, totalmente inmovilizado por el miedo que su compañero, fuera de sí mismo, parecía infligirle, la convirtió en un montón de escombros metálicos, que cayeron al suelo, al compás de sus propias incontrolables risas...

Daisuke: A diferencia de ustedes, pienso divertirme con éste remedo de pelea...¡No los eliminaré hasta saciarme!

Mirándolo fijamente a los ojos, Daisuke se alejó varios metros de Kozuke, sin darle la espalda, retrocediendo hasta situarse al otro lado del gran salón...

Kozuke: (Pensando) ¿É-Él rompió mi espada?

Aún inmóvil, sin apartar la vista de los restos irreparables de su Katana, Kozuke fue arrastrado por su brazo por Shiro hacia el extremo opuesto de la habitación, quedando separados de su contrincante por una cantidad considerable de espacio...

Shiro: No bajes la guardia...

Haciendo aparecer entre sus manos lo que parecía ser una espada, con una hoja enteramente negra, similar a la de la Katana de Kozuke, y con una guardia con forma de diamante, Daisuke no hizo más que dirigir una cortante frase a sus contrincantes, mientras se percataba de que ellos, en efecto, ahora no eran los únicos que se encontraban en el campo de batalla...

No solo no pueden mantener firmes sus Espadas contra mi...
¿¡También necesitan que una niña les sirva como refuerzo!?

Volteando levemente su mirada, moviendo su cabeza por encima de su hombro derecho, Daisuke logró visualizar claramente a la persona que se encontraba a pocos metros detrás de él; sin ninguna clase de arma, y aparentemente, sin ninguna manera de defenderse de los ataques del ahora fuera de control Yorumaru, Tsubomi, sin que Shiro o Kozuke lograran darse cuenta, había regresado al salón principal...

Kozuke: ¡Se suponía que te quedarías lejos de ésta habitación! ¡Ésta es una situación sería!

Finalizando su oración con un silente quejido, Kozuke calló de rodillas, mientras observaba como la sombría hoja de la espada de su contrincante atravesaba su pecho, para su suerte, del lado opuesto al que se encontraba su corazón...

Daisuke: Antes has podido aparecer y desaparecer de la nada para atacarme...¿Por qué no haz hecho lo mismo para evitar que mi espada te atravesara?

Daisuke, totalmente inmóvil, justo en el lugar en el que llevaba ya minutos de pie, no hacía más que observar como Kozuke, tratando de ponerse de pie, extraía la hoja de la espada de su pecho, causando que no solo ésta fuera expulsada de su cuerpo, sino también haciendo que una gran cantidad de sangre emergiera de la herida que le había provocado...

Tsubomi: ¡Déjalos!

Esbozando una macabra sonrisa en su rostro, Daisuke, manteniendo su mirada fija en el rostro de Tsubomi, no hizo más que pronunciar una única pregunta hacia ella...

¿Por qué debería hacerlo?

Volteándose por completo hacia Tsubomi, dando la espalda a Shiro y Kozuke, y aún manteniendo aquella vacía y enfermiza sonrisa en su rostro, Daisuke no hizo más que inclinarse levemente, tratando de igualar, a una distancia considerable, la estatura de la joven...

Entonces...

Solo segundos habían pasado y, de la nada, Daisuke, ahora totalmente arrodillado, había aparecido frente a Tsubomi, levantando su rostro para poder observarle, manteniendo sus enrojecidos ojos fijos en el despreocupado rostro de su victima...

...¿Es ésto lo único que harás?
¿Solo me verás, cuando en solo segundos podrías matarme?

Poniéndose lentamente de pie, sin apartar la vista del rostro de Tsubomi, Daisuke no hizo más que borrar la sombría sonrisa que en su rostro había plasmado pocos minutos atrás, tras escuchar como vacías palabras emergían de su boca...

No quiero asesinarte

Haciendo aparecer otra espada en su mano izquierda, Daisuke, burlón, respondió a las palabras de Tsubomi, mientras lentamente volteaba su rostro para visualizar, una vez más, a Shiro y Kozuke...

Daisuke: Es realmente muy lindo que no quieras manchar tus manos con la sangre de alguien más...Pero, si no lo haces, ellos morirán...¿Eso quieres?...Si es así, simplemente concederé tu pequeño y mórbido deseo...De lo contrario, deberás de apoyarlos...A fin de todo, haz sido tu quien decidió interponerse en ésta batalla...¿Acaso no lo hiciste para ayudarlos? ¿Acaso no estás aquí para detenerme? ¿Acaso no estás aquí para permitir que ellos vivan un día más de sus miserables días?

Acercando levemente la ennegrecida hoja de su espada al cuello de Tsubomi, Daisuke, cerrando sus ojos, y esbozando una vez más su mórbida sonrisa, concluyó su oración, con una última interrogante...

¿Acaso no estás aquí para Asesinarme?

Alejando su arma del cuello de su aparente victima, Daisuke, una vez más, no pudo hacer más que borrar de su rostro su extraña sonrisa, tras escuchar como Tsubomi, de nuevo, dirigía sus igualmente extrañas palabras...

Hazlo regresar...

Levantando su espada frente a Tsubomi, y dejando escapar una resonante risa, Daisuke solo pronunció una breve oración más, para luego, aún entre risas, dejar caer con furia el filo de su arma sobre el cuerpo de aquella joven...

¡Te dejaré ir con él, más que hacerlo volver!

Pocos segundos antes de que la hoja de aquella ennegrecida espada pudiera alcanzar siquiera la piel de su objetivo, el arma, sin una razón aparente, terminó por volverse un montón de sombríos escombros, los cuales caerían, frente a los ojos de su portador, de la misma manera en la que lo había hecho la Katana de Kozuke...

¡Hazlo Regresar!

Aquellas palabras, llenas no solo del aire infantil de Tsubomi, sino también de una ira digna no solo de un adulto, sino de un demonio, no habían hecho más que preocupar no solo a Shiro y Kozuke, sino incluso al propio Daisuke, quien no haría más que alejarse varios metros de ella...

Shiro: (Pensando) ¿Q-Qué demonios?

Extrañado totalmente, Shiro, aún junto a Kozuke, parecía no poder hacer nada más que observar lo que estaba sucediendo; por alguna razón, la manera en la que Tsubomi había reaccionado había logrado alertar a su contrincante, quien, aparentemente preocupado, no había hecho más que retroceder ante lo que, para Shiro y Kozuke, no era más que una simple niña sin ninguna clase de experiencia en combate...

Daisuke: (Riendo) ¡Ese fue un excelente grito! ¡Realmente espero poder escuchar uno similar cuando te asesine!

Con la mayor velocidad que pudo alcanzar, Daisuke, colocando su mano frente a él, utilizándola como si de un arma se tratara, en un intento de acabar rápidamente con Tsubomi, se dirigió hacia ésta, con la intención de propinarle un golpe mortal; con la intención de atravesar su pecho con su mano...

¡Podrás ver a tu pequeño amigo después de que termine contigo!

Aquellas palabras, finalizadas con un estruendoso crujido, producido por el suelo sobre el cual, tanto Daisuke como Tsubomi, se encontraban de pie, y con un silente grito de dolor, no habían hecho más que preceder la primera gota de sangre que caería sobre las manos de Yorumaru, la primera gota de sangre que caería directamente sobre las manos de quien ahora lo controlaba...

Cayendo de rodillas, Tsubomi, con una notable cantidad de sangre brotando de su boca, no hizo más que dirigir sus palabras a su atacante, mientras éste, con una expresión de aparente dolor en su rostro, y como si estuviera tratando de imitar a su victima, caía al suelo, de rodillas, solo observando la roja capa que cubría ahora su brazo derecho...

Solo...Devuélvemelo...

Llevando sus manos hacia su pecho, Daisuke, por alguna razón, parecía ser incapaz de moverse, y más allá de eso, incluso parecía tener dificultad para respirar...

Rápidamente, y de manera errática, Daisuke se puso de pie, y se alejó lo más que pudo de Tsubomi, quien seguía aún de rodillas, en el suelo, junto a un inmenso charco de sangre, no suyo, sino de su atacante...

Daisuke: (Pensando) ¿Pudo herirme?

En efecto, aún cuando el ataque iba dirigido de manera decisiva hacia Tsubomi, el único que había sido herido había sido Daisuke, quien, por alguna razón, parecía haber sido herido en el pecho...

Daisuke: (Pensando) Toda ésta sangre...

Haciendo aparecer junto a él una serie de espinas, de un color rojizo, Daisuke se mantuvo de pie, mirando fijamente a Tsubomi, con una mirada de desprecio y reproche, sin prestar atención a sus otros contrincantes, como si para él no fueran más que un estorbo...

...¿Es mía?

Colocando su brazo izquierdo frente a sí mismo, Daisuke, sin realizar ningún otro movimiento, hizo que las espinas, que hacía solo segundos había creado, salieran disparadas, directamente hacia Tsubomi...

Casi al instante, Shiro, decidido, se interpuso entre el ataque de su contrincante y su objetivo; rápidamente, y sin dudarlo, clavó la hoja de su vieja espada en el suelo sobre el cual se encontraba de pie, haciendo que de éste emergiera una gruesa pared de hielo, lo suficientemente maciza como para frenar las espinas de Daisuke...

Shiro: ¡Vamos, Kozuke!

Atravesando la barrera de Shiro, Kozuke se dirigió lo más rápido que pudo hacia su contrincante, empleando no solo su avanzada velocidad, sino también sus técnicas espacio-temporales...

Una vez se encontró lo suficientemente cerca de su objetivo, Kozuke, apareciendo justo frente a Daisuke, mediante uno de sus portales, procedió a realizar su contraataque, pronunciando solo el nombre de su técnica, mientras una notable esfera de chakra se formaba en su mano derecha...

¡Rasengan!

Justo al tratar de chocar su técnica contra el cuerpo de Daisuke, centrándose en la herida que Tsubomi había logrado causarle como su blanco, éste, sin ninguna clase de dificultad, interpuso su ensangrentada mano ante el Rasengan de Kozuke, no solo evitando que empeorara su ya abierta herida, sino logrando inmovilizar a Kozuke, con una técnica que, no solo ante los ojos de éste, sino también ante el mismísimo Shiro, parecía imposible de realizar, al menos con el cuerpo de Yorumaru...

Daisuke, rápidamente, había sujetado a su atacante por su brazo derecho y, pocos segundos después de hacerlo, invocó lo que parecían ser serpientes, de una coloración negruzca, las cuales lograron inmovilizar al ya herido Kozuke, quien, sin ninguna posibilidad de contraatacar, tuvo que limitarse a permanecer en manos de su enemigo...

Kozuke: (Pensando) ¿U-Un Jutsu de Invocación?

De un momento a otro, Shiro, al otro lado de su barrera de hielo, pudo ver como las serpiente de Daisuke habían comenzado a desvanecerse, soltando a Kozuke, y haciendo que éste cayera al suelo...

Más allá del echo de que las serpientes de Daisuke habían desaparecido, éste, de alguna manera, parecía haber sido herido; su pecho, antes ensangrentado, mas sin rastro alguno de poseer alguna clase de herida letal, ahora se encontraba enteramente rasgado, con cortes que traspasaban su piel, y que habían sido capaces de desgarrar su ropa, dejando descubiertos los ya mencionados cortes...

¿Cómo es posible que una simple niña pueda hacerme algo como ésto?

Tras pronunciar aquellas palabras, perdiendo su equilibrio, y notando la cantidad de sangre que se había desprendido de su cuerpo, Daisuke, confundido, logró visualizar a Tsubomi, quien se encontraba justo frente a él, con sus manos ensangrentadas, y con un brillo carmesí en sus ojos; sin más, aquella pequeña chica no hizo más que alzar su mirada, plasmando su vista directamente en los rojos y rasgados ojos de su contrincante, y en un casi inaudible y aterrador susurro, repitió su constante sentencia hacia su ahora víctima...

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