Alterno: Muerte de un Ave en Otoño
Alterno Muerte de un Ave en Otoño.png

(互い違い: 秋に一鳥の死, Tagaichigai: Aki ni Ichitori no Shi)

Información
Saga Yashamaru Gaiden: Entre la Lealtad y el Poder
Personajes
Yashamaru Atsuryoku
Miu Kuromatsu
Ryuk
L'Empereur
Objetos
Wasdaña
Dark Angel
Espada Kagami Ancestral
Cristales Kagami

Muerte de un Ave en Otoño es un capítulo especial alterno del Yashamaru Gaiden, en él se relata una posible muerte de su protagonista, Yashamaru Atsuryoku.

Cita inicio.png Cuando el destino manda cruzar una línea, un corte, nada más, separa a uno del mundo. Cita final.png

Opening

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El Accionar Fatal

Había pasado un breve tiempo, el Atsuryoku finalmente había dado muerte a su pasado, ya no había ser vivo que lo vinculara a su clan, había enterrado su pasado, había dado muerte a su propio temor, ¿O eso creía? Descansaba solo, en un bosque, sentado contra un árbol, el aire liberaba un suave aroma a cipreses, adornado con el olor de crisantemos en estación, un encantador olor, que no presagiaba ninguna bondad para el shinobi.

Yashamaru: Lindo otoño ha tocado, las hojas están dando hermosas tonalidades, esos colores no se ven en todos lados.

Levantándose, tomó unas hojas, cuyas tonalidades recorrían todos los colores cálidos, miró entre los árboles, la mera tranquilidad que se aspiraba en el bosquecillo, no tardó en desaparecerse, unas cuchillas pasaron rápidamente volando, cortando la mejilla de Yashamaru.

???: ¿Creíste matarme? ¿Creíste que me habías acabado? No lo hiciste, solo te deshiciste de mi carcasa, de él, pero no de mi... ¡Nadie puede deshacerse de mi!

Volteándose, Yashamaru vió a aquel ser que le había arrojado los kunais. Su apariencia era similar a la de un ser humano normal, sin embargo, difería mucho de uno, no podría él siquiera identificar siquiera su género a la vista.

???: Claro... Es evidente que no me reconozcas... Al fin y al cabo, no puedes verme tras esta "máscara"... Mejor me la quito, mírame a los ojos, Atsuryoku.

Mirando fíjamente a su atacante, Yashamaru vió como este posaba su mano sobre su rostro, al hacer esto, una especie de vapor surgió, al contacto de esta. Retiró lentamente su mano de sus facciones, revelando así su verdadero rostro, un rostro femenino, joven, con unos cabellos oscuros, movidos suavemente al viento de la zona, la mirada gris, perdida, sin ver; facciones secas, sin motivación, sin embargo, la voz cavernosa, no correspondía con la joven allí presente.

Yashamaru: Ruín... La usas a ella, engendro, te has aprovechado, buscaste una debilidad en ella, la tomaste, y ahora así te acercas... Siendo sincero, nunca pensé que algo así fuera a pasar, así como el suponer que te encontrabas con vida... Esto es mi culpa, no se que deba hacer para sopesar la situación, pero ten en cuenta que se hará, Ryuk...

Una flama azul bailaba sobre un ojo de la joven, mientras que él llamó su Wasdaña, que rápidamente se apareció junto a sí. La pena de saber que no atacaba al enemigo, sino a un amigo por culpa de este, se cernía sobre el campo. Miu desenfundó a Dark Angel, trazando un arco descendente con esta, apuntando a quien es su amigo.

Miu: No puedes dañarme... Debes matarme, pero no puedes, tu propio ser te impide atacar y dañar a un ser querido, estás perfectamente acorralado... Estás solo y condenado, Cuervo.

Yashamaru: Discúlpame Miu, no puedo dejarte indemne, pero haré todo lo posible para que salgas como puedas de esta...

Ambos se miraron fijo, para que finalmente Yashamaru corriera su rostro a un costado, seguía intentando resistirse a la idea, fatal resistencia, inútil. Su contrincante saltó hacia él, que bloqueó el filo con la Wasdaña. Quedando en una mala posición, recibió una patada, que lo expulsó contra un árbol con gran fuerza, quebrando un poco la corteza del mismo.

Miu: ¿Sientes todo ese dolor? ¿Te puedes sentir vivo? Tranquilo, el dolor se esfumará... Ya no sentirás nada, nada más el calor repentino, seguido de un frío atroz, extendiéndose por todo tu cuerpo, mientras dejas así de poder moverte, para estar en un descanso forzado...

Desde el helado suelo en que se encontraba, comenzó a levantarse tosiendo algo de sangre, recuperando la Wasdaña, se sostuvo de ella para esto; sin embargo, en un rápido movimiento, Miu asestó una terrible patada en la boca del estómago a Yashamaru, quien cayó de nuevo, sosteniéndose la zona golpeada. Tomando su arma, Miu destrozó la Guadaña Cetro, al aplicarle un tajo inflexible, reduciendo el mango a tan solo un grupo de astillas, que se alejaron volando con la suave corriente del viento, ajena al horror, que se encontraba circulando por allí. Dejando escapar sangre en un fuerte acceso de tos por su boca, chorreando un leve hilo esta, Yashamaru dirigió una fuerte mirada a Miu, contraria sin embargo a su situación de desventaja y debilidad.

Yashamaru: ¿Lo que quieres es matarme? Hazlo, no pierdes ni ganas nada en ello, tan solo es matar a un hombre... No causarás más perjuicios de los que acallarás al librar a todos de mi mera y banal existencia... Mátame... Quiero ver como lo haces...

Se incorporó como pudo, haciendo aparecer su Espada Kagami, asimismo, infundió el Kagami restante en su chakra, concentrándose lo más posible en esta acción, el hecho de mantener esto siquiera unos momentos ya lo hacía temblar, la debilidad de sí mismo lo acechaba, lo había perseguido, lo encerró en su propio callejón sin salida y laberinto, le mostró su tumba.

Yashamaru: ¡¡Toma tu arma y mánchala un poco más en sangre, no será ninguna diferencia!! ¡Qué esperas, hazlo!

Era el final del juego, ya no había vuelta más para dar en las páginas del libro de la vida, tan solo quedaban esas tres estrellas en el fondo, marca alguna que demostraba que algo habían producido todas las palabras del escrito. El golpe con la palma simple, con una gota de sangre Kagami exudando unos esfuerzos sobrehumanos, dando en el pecho de la ya ausente Miu, para así obligarla a escupir aquello, similar a una perla, que llevaba en su interior, aquella pequeña perlita, comenzó a danzar frente a los ojos de ambos, mientras una mancha de oscuridad comenzaba a envolverla, ajena a todo lo demás. De un rápido tajo, Yashamaru eliminó aquella oscuridad, que pasó a ser tomada por la Espada Kagami; más sin embargo, era demasiado tarde, en su pecho ya se había hundido el arma de la joven, en un golpe certero al corazón, la sangre a presión salió expulsada, manchando el rostro inerte de la joven. Él, con sus momentos restantes, bajó a observar la herida, la sangre manaba profusamente, indicando el ya final. «¿Qué es este calor externo, que me baña? Es mi sangre, manando testigo del final... Solo... Espero que el resto pueda mantenerse bien y a salvo... No se preocupen por mí, finalmente he sido alcanzado por la flecha que yo mismo he disparado... Mi muerte debería haber sido en aquella noche, y ahora viene a cobrarse lo que debo. Gracias, por ese tiempo de ventaja...» Subió la mirada hacia Miu, para ver como ese ojo colmado de una flama azul, indicando la posesión, miraba su cuello; bajó apenas la mirada, para ver esa espada, causando un firme tajo en su garganta. Sintió como se ahogaba, bebía su propia sangre desde dentro, lo que le producía el más firme temor. Luego, la espada se clavó en su pulmon, de donde comenzó a manar sangre sin parar. Su mano perdió fuerzas, cayó la Espada Kagami, desvaneciéndose, sus rodillas se vencieron, cayendo así al suelo, ya inerte, siendo pero sin ser. De él tan solo quedaba ahora un cuerpo, y recuerdos, que no tardarían en ser olvidados, algunas personas, solo algunas, recordarían a aquel Cuervo que quiso enseñarles a volar, pereciendo en medio de su vuelo. Algunas...

Miu: Te sacrificaste... Y lo hiciste, la has liberado, a cambio de tu vida... Vaya manera de redimirte... Atsuryoku...

Con una fuerte corriente de viento, una columna de un negro muerte salió despedida del cuerpo de Miu, hacia el cielo, asimismo, de sus ojos y boca surgió luz, que desvaneció la porción de columna a su alrededor, tras eso, ella, prácticamente inerte, cayó desmayada, cercana al cadavérico cuerpo de su antiguo compañero, el antes Cuervo.

Quien Siega a los Difuntos

Observando la escena, a un costado, parado junto al charco de sangre, que aún continuaba manando del inerte cuerpo del antes Rey, su misma figura, ahora mismo ya transparente, ya invisible, contemplaba la escena, tal vez con algunos dejes de remordimiento, con algo de pena, apreciaba su derrotado cuerpo, el flagelo al que el mismo combate lo había sometido, se llevó la mano al pecho, palpando el hueco que había dejado el arma homicida. Soltó una carcajada, para acercarse a su propio cuerpo, intentó cerrarse los ojos, inútilmente, no podía tocar los objetos, ya no... No en ese mundo.

???: Entiendes que ya no puedes tomar interacción alguna con este lado del abismo, ¿No?

Yashamaru: Te estaba esperando, ¿Tu me llevarás al averno que he ganado?

???: Es mi labor, y no sabes si aquello es un averno, Atsuryoku.

Se acercó a la segadora, y le miró abiertamente, sin tapujos, lanzó su pregunta al aire, buscando una respuesta de ella, como si pudiera exigirle algo.

Yashamaru: ¿Me dejarías pedirte un último deseo? Antes de llevarme a donde corresponda...

Segadora: ¿Un último deseo? ¿A ti? ¿Por qué habrías de recibir aquello tu?

Yashamaru, siendo espectro, hizo brillar la sombra de sus cristales, mientras que los del mundo material se deshacían en unos brillos de luz violácea, ascendentes al cielo. Con el deshacerse de los Cristales Kagami, las sombras de Yashamaru se hicieron más fuertes, más visibles, el brillo ahora tenía un fulgor fatuo, asesino.

Yashamaru: Sabes que siempre he buscado el saber, y sabes que las herramientas que poseía en vida y ahora ves en mis fantasmales manos son capaces de desafiarte, ¿O no?

Se dio un breve silencio, mientras el fuego iluminaba a ambos, muerte y muerto. Tras unos momentos, la segadora lanzó un sonido, que ponía los pelos de punta, la muerte se reía.

Segadora: Es cierto, y tengo mala suerte, me ha tocado a mi justamente llevarte, siendo que harías lo que sea por cumplir ese último deseo, ¿No?

Yashamaru: Vaya, si me tienes registrado, y estoy seguro que ya sabes el deseo...

Segadora: Te propongo un trato... Te daré tu deseo... Pero deberás realizar un jugoso pago en sangre por ello.

Yashamaru: Lo que sea... Quiero mi deseo, quiero saber...

Segadora: ¿Aunque eso te signifique terribles tormentos y torturas? Bien por mi... Me gusta divertirme de esta manera...

Yashamaru: Comienza con tu cometido, que no tengo toda una eternidad para esto...

•••

En un movimiento que rasgó la nocturna calma con un rugido atroz, la segadora destrozó las manos de Yashamaru, con dos kamas que formó al dividir su daikama en par, una tenebrosa risa macabra salió de ella, mientras acercaba sus oscuras facciones al rostro del ahora ya por siempre indefenso Atsuryoku.

Segadora: Así es... Comencemos, que tenemos muchas torturas que repasar...

De una patada en las costillas, nubló la vista del Atsuryoku, quien, al recuperarla, se vio encerrado en un negro calabozo, mirando alrededor, se vio solo, para luego notar algo al frente, una sombra negra, cual humo, moviéndose lentamente hacia él. Como podía, ayudándose de sus ahora sanguinolentos muñones, se hacía hacia atrás lleno de temores, viéndose la presa única del desbordante terror. Fue alcanzado por la niebla, que lo cegó otra vez. Llegó a ver parte de las facciones de la segadora, que le murmuraron al oído...

Segadora: ¿Sabes qué es lo más divertido de torturar a alguien ya muerto?

La segadora esperó unos momentos, para luego dar un atroz golpe en cara de Yashamaru, cortándole un labio. La sangre, al gotear el piso, era absorbida por algo que parecía ser aserrín, que tomaba el color rojo fluyente en vistas de la pena. Levantando sus indolentes ojos hacia la mismísima muerte, lanzó un escupitajo, que fue a impactar a una vacía cuenca ocular.

Yashamaru: Diviértete todo lo que quieras... Hagas lo que hagas... Yo sigo queriendo... Aquello que me trajo aquí.

Segadora: ¡¡Estúpido insolente!! ¡¿Crées que por tener la capacidad de soportar una nimiedad puedes escupir a la cara de la mismísima muerte?!

Estiró su mano lejos, hasta que se perdió en aquella negra niebla que rodeaba a ambos; hasta que se perdió en sí misma, la niebla era la muerte, la muerte era la niebla, y ella se cubría en sí misma para tapar sus atrocidades, con manto de culpa. Nunca se pudo ver volver la mano, pero algo era seguro, había vuelto a su lugar, Yashamaru lo sintió en lo profundo, comenzó a lamentarlo, una daga se había clavado en el costado de su cuello, y ahora era girada lentamente hacia un costado, los movimientos errantes, la carne en tiras, la ahora roja cara de la segadora, el chorro a presión, el rápido descenso de esa "tintura" por el cuerpo del joven, hasta el aserrín, que consumía todo intento de formarse de un hipotético charco de frustración. Sangre chorreaba dulcemente por la herida, y él bajaba su mirada, veía lo que había sido su cuello, ver toda esa masa lanzando sangre, de tonos del carmesí al bordó, esa sensación de calor, el calor del tibio líquido, bajando por su garganta, chorreando por el cuerpo, aquel desesperado impulso e intento animal de gritar, para tan solo dejar escapar un sonido carrasposo, molesto, el sonido de cuerdas rotas...

Yashamaru: ...

Segadora: ¿Qué, quieres hablar? ¿No tienes nada que decir? Vamos, dime lo que quieras, ¿Acaso desearías que frenase la tortura? Dime si quieres que pare tu miseria...

Al intentar hablar, siguió lanzando sangre hacia fuera, el no poder morir era terrible, no poder morir por haberse muerto, y que la misma muerte se regordease de la condición a la cual lo había sometido. La segadora lo clavó al piso, utilizando unas estacas, haciendo que quedase mirando al suelo, el aserrín que cubría el lugar se había vuelto de un siniestro rojo, con un olor penetrante, olor desesperado, podrido, inmundo de impotencia, su propia mente pasaba a quebrarse, tanto necesitar una base firme, ver cómo el sustento de sus pensamientos se resquebrajaba, ¿Quién era? ¿Qué quería? ¿Por qué estaba sufriendo todas esas penurias? Comenzaba a olvidar, el dolor comenzaba a cegar su mente. Pasó a sentir el peligro, lo único que no se podía permitir era ese olvido provocado, si olvidase sus metas, si olvidase aquello que lo había impulsado a sufrir, si se olvidara del sentimiento, si se olvidara del amor, si pasase a desconocer aquellas claras señas que marcan esa vida interna, si olvidara, toda tortura hubiera perdido su sentido, tanto deseo, tanto, no podía ser dejado en la nada.

Segadora: Mira a mis vacíos ojos, mira en mi interior, siente aquel terror dormido en lo profundo, ese miedo que paraliza, achica, lastima y mata. ¿Podría matarte estando tu ya muerto? Sufre tus osadías tonto Atsuryoku, sufre tus osadías...

Le tomo la cara, y hundió ligeramente un punzón en la mejilla, sacándolo con fuerza, hizo un fino corte en su rostro, una lengua de un gris desesperanza se asomó de la calaca de la muerte, para que pasase la púa por ella, untándola en la sangre del shinobi. Luego, acercó aquello que serían sus ojos a los del anterior Rey Cuervo, este, sin otra opción que mirar a la muerte a los ojos. Con una rápidez de temer, se vio sumido en un profundo sueño, una pesadilla sin control, ya sin idea de cómo subsistir... Sin saber ya cómo era vivir.

Yashamaru: ¿Qué viene ahora? ¿Qué falta? ¿Algo más?

•••

La niebla comenzó a dispersarse, mientras la segadora huía del lugar, Yashamaru se vio en una habitación conocida, un lugar que era parte de él, se encontraba en su antiguo hogar, la casa de su familia en Sunagakure. No había ninguna clase de duda, se trataba de "ese" mismo día...

Yashamaru: ¿Mamá? ¿Papá? Es curioso, escucho sonidos aquí... Pero nadie responde a mis llamados... ¿Ya habrá llegado él?

Corrió una habitación al lado, y vio entrar a Tsuki a la casa, sigilosamente, había abierto una ventana, rompiendo el seguro de esta, sigilosamente, fue moviéndose por la casa, hasta que llegó a la sala de estar, allí se paró en la habitación, Yashamaru se paró a su lado, arrojándole un golpe, que fue a dar a la nada, al tocar a su primo, perdió toda su solidez, volviéndose una masa incorpórea, que volvía a reunirse nada más dejar de tocarle.

Yashamaru: No puedo interceder... Y ahora vendrá todo...

Tsuki: Hola... Familia.

Sin poder hacer nada, Yashamaru se quedó firme en el portal, para poder ver así como Tsuki saltaba sobre su desprevenido padre, la rapidez de su primo le daba un escalofrío, desde donde estaba lanzó dos kunais, que fueron certeramente a clavarse en las manos de Kazuki, dejándole así clavado a la silla en que se encontraba. Este le dirigió una mirada enfurecida, mientras intentaba aflojar los kunais; su madre tomó una espada, decoración de la sala, reliquia familiar, y se lanzó al ataque contra Tsuki, este, sin mostrar el más mínimo temor o arrepentimiento, esquivó un rápido sablazo, para aparecerse como una sombra tras ella, usando su mano, rompió el antebrazo de esta, para luego darle una patada en la rodilla, derribándola. En mitad de la masacre, Yashamaru miraba atónito, aterrado, consternado, todo lo que sucedía, temblaba de miedo, se sostenía de una pared cercana para no caer al piso, mareado, asustado. Kazuki liberó una mano, e intentó crear una esfera del Elemento Quemar para lanzar a Tsuki, quien tomaba la reliquia familiar. Al haber creado una esfera lo suficientemente grande, la lanzó hacia Tsuki, recibiendo este un certero impacto en el pecho, cayendo contra una pared, haciendo un golpe seco. El vapor mostraba que la esfera había surtido su efecto, cuando allí desde el piso, Tsuki comenzó a reír, para deshacerse en vapor, demostrando ser un clon. Tras Kazuki apareció una sombra negra, con unos brillantes ojos rojos, un destello se cernía contra el padre del joven Atsuryoku, para que luego la espada entrase por su garganta, saliendo su sangre despedida, manchando todo el lugar, allí en el portal, Yashamaru se desplomó, sin poder dejar de mirar la escena, sin poder dejar de sufrirla. Acabada la vida de su progenitor, Tsuki comenzó a acercarse a su tía, en ese momento, sintió vencerse a la puerta de entrada. Se vio a si mismo, ingresando a su hogar, mientras su madre, con llanto y súplica, le decía que se fuese de allí. Vio su propia parálisis, su cara de terror le causaba una cara de terror. Dolor... Solo encontraba dolor. Vio como Tsuki arrebataba la vida de su madre, vio como unas silenciosas lágrimas bajaban por sus facciones, esos segundos de helada espera, una mirada asesina, ojos rojos, inyectados en sangre, un rostro manchado con esta, se vio correr a sí mismo contra su primo, y vio como este le daba un certero golpe en el estómago. Se vio caer cerca de su madre, para ver como Tsuki le posaba unos dedos sobre los párpados, su mirada comenzó a desvanecerse, mientras le susurraba al oído «Te mostraré todo su sufrimiento...» De repente, todo se ponía negro, y toda la masacre volvía a suceder, sin fin, hasta que todo quedó en quietud, terrorífica quietud.

Yashamaru: Basta... Por favor, basta... No puedo más con esto...

De las sombras se oyó a la segadora, quien jactaba su delicia al decirle su próximo tormento al Atsuryoku.

Segadora: Disfrutarás de saber que ahora tu habrás de ser un asesino...

La oscuridad volvió a cernirse sobre Yashamaru, quien quedó enceguecido por esta. Un murmullo caótico se introdujo por los oídos del Atsuryoku... Eran... ¿Gritos? ¿La gente gritaba? Eran gritos lejanos... Mis manos, manchadas en sangre, moví los ojos hacia abajo, intentaba moverme, escapar, huir, pero mi cuerpo ya no respondía a mis acciones, tan solo era el huésped de este endiablado cuerpo, ahora "mío", condenado a ver cómo es que "yo", cometía aquel asesinato, verlo así, que manera tan directa, armas, mano limpia, todo en sangre, carmesí, escarlata. Lágrimas... Todo en lágrimas... Mi víctima, ya asumida su triste situación... Yo, si no fuese porque no era el dueño de mis acciones, de mi cuerpo, seguramente estaría temblando como el más aterrado de los hombres, asimismo lagrimeaba, rompía el llanto, no podía soportarlo, haber querido evitar algo, y ahora verse en la situación de cometerlo... Me dividía, ya no lo soportaba, me dividía, terminé por rematar a mi desgraciada víctima, sintiéndome un completo desgraciado, ya no era yo, ¿Quién era yo? No lo sabía, para nada, ya no lo sabía... Yo era el asesino... Era el victimario... Era mi culpa, no daba más, ya no sabía que quería... ¿Qué quería más? ¿Ir al descanso eterno de una vez para evitar padecer más de este dolor? ¿O continuar a pesar de todo, en vías de conseguir mi deseo de una vez por todas?

Ver las cosas así... Verlo desde esta perspectiva... Debo cargar con esto, son mis culpas, mis malditas culpas, otra vez, soy yo, otra vez, no lo hice, otra vez, ¡Le fallé! Ella no se merece eso... Yo me merezco hasta algo peor... No merezco... No merezco siquiera volver a verles, a todas aquellas personas... Les he fallado, una vez más...

•••

La oscuridad, sumiéndose de nuevo sobre Yashamaru,

Segadora: ¿Qué se siente matar a la persona a quien más amas en tu vida? Ver tus manos manchadas en su sangre, arremeter sádicamente una y otra vez, fuera de control, sentir como ya pierde las esperanzas, como es que finalmente ya no puede luchar y disfrutas del hecho de poder darle muerte más cómodamente, llenarle de heridas hasta hartarte, ver saciada la sed del líquido rojo borgoña, que salpica, cubre tus asesinas manos ahora llenas de culpa y remordimiento, ¿Fuiste tu? No, no fuiste tu, fue tu hambre asesino, capaz de llevarte a hacer lo que sea. ¿Te sientes satisfecho ahora, Rey Cuervo? ¿No quisieras defraudar a alguien más al no llegar a tiempo, para que muera de manera horrible, sin siquiera esperanza de recibir ayuda alguna? Ayuda que tu podías haber brindado...

Yashamaru: Basta... Yo... Yo no... Esto... No soporto... ¡¡BASTA!!

Con una fuerza espeluznante, unas grietas comenzaron a hacerse sobre el cuerpo del Atsuryoku, los ojos en blanco, la boca abierta en un claro símbolo de un dolor insoportable. Resplandecía, de dentro, de las grietas, los ojos, la boca, salía algo, lo iluminaba todo, era un destello, dolor de la iluminación, que correspondía a un próximo final, ya no le era posible sostenerse así, de rodillas, arrastrando los antebrazos por el suelo, una columna de luz violácea lo cubrió, elevándose en medio de la oscuridad, para luego resultar en una estruendosa explosión que cubrió todo en un humo de un azul marino, casi violeta abismo. Tras el humo no hubo absolutamente nada, lo que desconcertó a la segadora, quien no encontraba por ningún lugar rastro del alma de Yashamaru, él no estaba en ningún lugar de su prisión, había escapado a ella, de manera inexplicable, una vez más.

¿Paz?

Abrió los ojos, en la que había sido su habitación, para intentar incorporarse, apoyó una rodilla en el suelo, y una mano lo ayudó a levantarse, junto a sí, se encontraba su antiguo mentor, quien había "muerto" frente a sus ojos, tanta ayuda, el paradigma de la nobleza a ojos del Atsuryoku, L'Empereur se encontraba junto a él, ayudándole a tomar pie.

L'Empereur: Yashamaru... Ha pasado tiempo ya...

Yashamaru: Maestro... ¿Cómo es que escapé? ¿Y cómo es que tu estás aquí?

L'Empereur: Oh, casualidad, destino, llámale como quieras, el hecho es que ni la mismísima muerte se hubiera dado cuenta de lo que produciría al hacerte pasar por tanta tortura.

Un escalofrío bajó por el Rey Cuervo, quien sumió su mirada en sus manos, observándose las palmas, cerró lentamente las manos con fuerza, unas lágrimas silentes pasaron a escapar del Atsuryoku, para que rápidamente la mano protectora de su mentor se apoyase sobre su hombro.

L'Empereur: Tranquilo... Ya ha pasado todo eso... No fue más que un terrible sueño negro, ya eres libre de él.

Yashamaru: Es mucho... Ahora... ¿Dices que soy libre Maestro?

Con un sonido símil a un trueno, la piel de L'Empereur comenzó a resquebrajarse, y así su forma material comenzaba a deshacerse, ascendiendo levemente, mostrando como se deshacía su elemento.

L'Empereur: Yashamaru... Ya eres libre de ello... Te lo aseguro... Yo perdí mi contenedor en este mundo... Como no he pertenecido a este, no estoy nada ligado, como me separé de ti por las torturas, nada me ata aquí... Me voy Yashamaru-kun, no creo que podamos volver a vernos... Al menos, no en este mundo. Haz lo que yo no pude hacer Yashamaru-kun, ve con tu familia una última vez al completo...

Con una sonrisa, L'Empereur guiñó un ojo al Atsuryoku, buscando brindarle tranquilidad, tras haberle confiado un deseo, mientras se deshacía como el espíritu no ligado al mundo que era, observó aquel retrato en la pared, la esposa de su alumno junto a su hija, y se colmó con una sonrisa, aquello que era su "cuerpo" se terminó de deshacer, revelando una pequeña esfera, similar a una perla en tamaño y brillo, que salió por la ventana, en un vuelo suave, ascendente al calmo cielo de una brillante noche despejada. Yashamaru se puso de rodillas, tomando apenas el alfeizar de la ventana.

Yashamaru: Ya hay una estrella más en el cielo... Maestro... Su sufrimiento no habrá sido en vano, gracias por su paz... Su seguridad... Se que debo hacer lo correcto. (Tras un suave estremecimiento, con una última lágrima de plata, alzó la vista a la luna) Te prometo que iré contigo Maestro... Al otro lado de la lluvia.

Levantándose, Yashamaru se acercó al espejo, y asimismo dirigió una mirada al retrato de su familia, cruzó por él, ultimando sus habilidades con los Kagamis, para llegar así a su hogar. Allí, casi dormida en el sillón, estaba Shinku, esperando por una vuelta a casa que jamás se produciría... En su cuarto, la pequeña Naoko dormía ya, con sus facciones llenas de inocencia, parecida a su padre, expresiones de su madre, el Atsuryoku acarició suavemente el cabello de la niña, antes de volver para con Shinku; Yashamaru, de vuelta pero fuera de casa, contemplaba a su familia con ternura, y el amor le hacía llorar. Acercándose a Shinku, le abrazó por la espalda, cruzando sus brazos sobre ella, apoyó su cabeza contra su hombro, mientras le hablaba cerca del oído.

Yashamaru: Perdona Shinku, parece que no volveré a casa... Pero... Sabes que siempre estaré contigo, siempre estaré con Naoko, no me separarán de ustedes... (La plata caía por el rostro del joven, bañando los hombros de la muchacha, deshaciéndose nada más hacer contacto) No hay nada que nadie pueda hacer para separarme de ustedes dos... (La lluvia caía suavemente, ¿Sería ya el tiempo? Ya debía estar del otro lado de la lluvia, pasó a ponerse frente a la Uzumaki, acercando sus facciones a las de ella) Perdón por todo esto, no debería haber sido así, Shinku-chan...

Le dio un beso, mientras su piel comenzaba a resquebrajarse, asimismo como había pasado con su Maestro, mantuvo este hasta el final, cuando ya no quedaba nada de él con "cuerpo", la perla restante paseó un tiempo por la casa, viendo unas veces más a su familia, hasta que llegó el tiempo final, ya debía irse, sintió un llamado, y se salió por la ventana de la cocina. Una figura cubierta por sombras lo esperaba, con una total familiaridad, la perla se posó junto a ella.

Yashamaru: Perdón por la espera, quería ver una vez más a mi familia así...

???: Tranquilo, ahora vayámonos a donde van ustedes almas...

La brisa movió un viejo nido en un árbol, del cual se desprendieron unas plumas, movidas por una corriente, tras aquel mínimo movimiento en la penumbra, tanto Yashamaru como su acompañante desaparecieron...

Alto en la torre nació mi voz,
se hizo viento y flotó
con la tuya,
se fundió en el atardecer.

Ending

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